martes, 20 de octubre de 2009

Estudiantes y Cruzeiro empataron y la copa se define en Brasil

Tras varios días de espera, la final de la Copa Libertadores llegó al Estadio Ciudad de La Plata, que presentó un marco imponente de luces, color y 40000 almas apoyando a su equipo, como pocas veces se ha visto en los últimos años.

Estudiantes y Cruzeiro, a priori artistas principales de este espectáculo, disputaron un encuentro que los dejó en segundo plano, como si los libretos de ambos equipos para este partido estuvieran bien claros: Estudiantes, a empujar y tratar de conseguir la diferencia; Cruzeiro, a defender su arco y buscar de contra, pero sobretodo, a no perder.

El trámite del partido fue lento, poco dinámico, con Estudiantes intentando durante 75 minutos y Cruzeiro defendiéndose y quemando las naves en los últimos 15. Los brasileños plantearon un partido brusco, plagado de faltas, agresiones (Germán Ré y Juan Sebastián Verón sufrieron cortes en la cabeza y el pómulo, respectivamente) y presiones hacia el árbitro uruguayo Jorge Larrionda, que mostró criterio en las decisiones, pero fue incapaz de cortar las agresiones con amonestaciones o expulsiones.

Ante esta situación, los delanteros de Estudiantes chocaron una y otra vez con los defensores brasileños, cayendo en la desesperación y en la imprecisión durante varias fases del juego. Aún así, el equipo platense dispuso de ocasiones claras, por medio de Leandro Desábato, Mauro Boselli o Juan Sebastián Verón, que se encontraron con las manos del arquero visitante Fabio, y dos remates desviados de Enzo Pérez y el uruguayo Salgueiro, este último en el final del encuentro.

Cruzeiro se dedicó a defender durante el primer tiempo, y aprovechó el bajón físico y los nervios de Estudiantes en el segundo para provocar las oportunidades más claras del partido: A los 34’ del complemento Kleber erró un gol increíble tras un grave error de Mariano Andújar y a los 38’ Wellington Paulista remató de volea a centímetros del arco.

El empate final deja a brasileños y argentinos con la misma necesidad de ganar, pero obliga al equipo platense a conseguir la victoria en condición de visitante. Los dirigidos por Alejandro Sabella deberán hacer historia en el Mineirao de Belo Horizonte para quedarse con su cuarto título continental, en un estadio que jamás vio perder a Cruzeiro en esta edición de la copa.

Está claro que, al igual que en el partido de ida, los planes de ambos entrenadores son visibles y seguramente serán respetados fielmente. Ahora, la pregunta es si el sistema actual de las finales de Copa Libertadores, a partido y revancha, es el más indicado para el espectáculo. Desde el punto de vista económico parece serlo, ya que los clubes recaudan dinero con las entradas, y tanto publicidades como patrocinadores pueden mostrarse dos veces en el evento deportivo más importante del año por estos lugares.

Sin embargo, desde el juego las finales resultan previsibles y a la larga aburridas, con un primer partido en el que el equipo visitante se dedica a defenderse y esperar su oportunidad en el segundo encuentro.

La posibilidad de una final única, en un estadio a designar, como ocurre en Europa, sería una posible solución a esta situación, pero visto está que desde la Confederación Sudamericana de Fútbol no existe la intención de cambiar el formato de las definiciones, que acompaña a la competición, con algunas modificaciones, desde su inicio en 1960.

Nicolás Mouler